Intervención de Pepe González, presidente de la Agrupación

Buenos días a todos,

Muchas gracias, Rosalía, por tu presentación.

Pues sí. Hace años, apenas éramos 5 familias las que, con mucha ilusión, comenzamos a preguntarnos por los muertos en Valdenoceda, por nuestros padres y nuestros abuelos.

Nos vimos abocados a iniciar una búsqueda con muy poca información, muy pocos datos, sin apenas saber nada. Nadie quería contar nada y mucha gente se empeñaba en pasar página, por miedo, por terror a ser señalado, por costumbre tras más de 40 años callados a la fuerza.

Mi propio padre había mantenido la trágica historia de mi abuelo en el más absoluto silencio. Prácticamente hasta los años 80 no contó nada. Y eso fue posible tras mucho preguntarle.

Con el tiempo, nos fuimos acercando a Valdenoceda, a lo que allí sucedió, a las muertes, por no decir asesinatos con premeditación y alevosía.

Y las familias fuimos tomando contacto, gracias a internet.  Porque la realidad es que las familias estábamos separadas por una enorme distancia física. Unos en el norte, otros en el sur, muchos en Cataluña o Madrid,…. Incluso hace muy poco ha contactado con nosotros el nieto de un represaliado muerto en Valdenoceda que vive en Canadá.

Y comenzamos a ser más.

Hasta que en 2003 organizamos el primer gran homenaje, que nos hizo tomar conciencia de que podíamos hacer más y conseguir más. Y así continuamos hasta que en 2005 nos constituimos formalmente como Agrupación. En 2006 nos dieron la subvención y en 2007 realizamos la exhumación.

Pepe González se dirige a  los asistentes, amigos y familias reunidos el 12 de abril en Valdenoceda

Pepe González se dirige a los asistentes, amigos y familias reunidos el 12 de abril en Valdenoceda

Y así hemos seguido, reuniendo también a más familias, identificando restos y entregándolos.

Ése es y ha sido el espíritu de nuestra Agrupación.

No hay, por mucho que algunos se empeñen en verlo, ninguna revancha de por medio. Nuestro objetivo es simple: buscamos familias, exhumamos restos que estaban olvidados por las administraciones y los devolvemos a sus familias.

En 2010 realizamos el primer acto de entrega de restos a sus familias. En aquel momento, el 6 de marzo de 2010, conseguimos devolver 15 restos. Fue un acto emocionante, donde todos nosotros lloramos, nos abrazamos y compartimos sensaciones únicas.

En ese momento, los que allí estábamos nos dimos cuenta de que las familias comenzaban a poder cerrar una herida. Recuperaban los restos de su padre o de su abuelo y podían enterrarlo en el cementerio de su pueblo, con su familia. De alguna forma, esas familias estaban recuperando parte de su propia historia familiar, estaban recomponiendo su propia cadena personal, que desde hacía 70 años tenía un eslabón perdido.

Esas familias estaban cerrando una herida. ¡¡¡Por fin!!!

Y nos dimos cuenta de que teníamos que seguir.

Las identificaciones y entregas a las familias continuaron en 2011, en 2012, en 2013 y ahora, en 2014. Y trabajaremos para que sigan siendo posibles, a pesar de todas las zancadillas que nos están poniendo.

Me gustaría, y lo digo consciente de que puedo ser criticado, que los altos cargos del Gobierno y del Partido Popular, asistieran a un acto como el de hoy. Lo digo con el corazón en la mano. Me preguntaréis por qué.

Para las familias que consiguen recuperar a los suyos, poder enterrarlo dignamente es, como decía, un proceso que les ayuda a cerrar viejas heridas que llevan décadas abiertas.

Cerrando heridas, esas familias están más preparadas para la reconciliación, para la concordia, para el acuerdo y el abrazo con el vecino.

Y esa oportunidad, la de la reconciliación, la está desaprovechando este Gobierno.

Quizás las exhumaciones, las entregas de restos….. quizás todo eso les pueda parecer que es querer resucitar los fantasmas de la Guerra Civil. Y yo les quiero decir que no. Somos los primeros que maldecimos la guerra y las consecuencias que tuvo para todos los españoles de bien, de un lado y de otro.

Sin embargo, no hay que tener miedo a hablar de esto, a exhumar y recuperar cuerpos para que puedan ser enterrados en su pueblo. Las familias que lo consiguen están empezando a cerrar una herida y sólo así comienzan a estar preparadas para la reconciliación, para la concordia.

….

Y sobre esto quería hacer una reflexión añadida.

El epitafio de Adolso Suárez dice, textualmente: “La concordia fue posible”.

Y yo afirmo que, desgraciadamente, y a pesar de los intentos del expresidente del Gobierno, no fue así. 

La Transición española fue un período en el que todos pusimos mucho para conseguir tener una plena democracia. Pero a algunos se nos impuso algo que de por sí es injusto:

querían que olvidásemos, que hiciésemos como si no hubiese muertos en cunetas, como si nada hubiese pasado.

Pero, honestamente, ¿cómo vamos a olvidar a nuestros padres y a nuestros abuelos? Es imposible. Como decía antes, parte de nuestra historia personal, de la historia personal de cada uno de nosotros, estaba en una cuneta o se encontraba abandonada en un cementerio.

No podíamos olvidar. Y, sinceramente, creo que los españoles no debemos olvidar. Debemos tener siempre presente el horror que fue la guerra, las denuncias entre vecinos, los paseos hacia la tapia del cementerio, las ejecuciones sumarias, las muertes en la cárcel,….

Sólo teniendo presente todo esto conseguiremos que nunca más, ¡¡¡¡nunca más!!!! se repita.

Y por eso pienso que, a pesar de la buena voluntad, la concordia no fue posible.

Nuestra democracia dio los primeros pasos. Gracias, entre otros muchos, a Adolfo Suárez. Pero también a todos y cada uno de los españoles. Todos trabajamos para conseguir el entendimiento.

Conseguida la democracia, debió llegar la hora de la verdad, de la justicia y de la reparación. Una verdad, una justicia y una reparación cuyo primer paso era conseguir recuperar los restos de nuestros familiares, abandonados lejos de sus casas, quizás en medio del campo o, como los nuestros, en una parcela descuidada de Instituciones Penitenciarias.

Y ese paso no se dio.

Pero debe llegar.

Yo quiero tender la mano, desde nuestras agrupaciones, a todos aquellos que se mantienen escépticos o que incluso no comparten nuestro trabajo. Sólo con un espíritu de mano tendida conseguiremos, de verdad, empezar a cerrar heridas y crear un ambiente que propicie, por fin, la concordia.

Mientras tanto, esa concordia está todavía pendiente.

…..

Y, por último, quiero hacer un llamamiento a todos. Los que estáis aquí habéis respondido y apoyado este acto con vuestra presencia. Quiero daros a todos las gracias.

Pero también quiero reconocer que muchas veces nos vemos solos.

Valdenoceda ha sido siempre un ambicioso proyecto desde  sus comienzos. Probablemente, sea su quijotesco origen una de las explicaciones de su  éxito. A veces, las cosas discretas y certeras son más fáciles de conseguir que aquellos planes desorbitados, con mucho ruido y poco resultado.

Hay familias que han recuperado los restos de su padre o de su abuelo. Nos dieron las gracias. Y desaparecieron. Nos aseguraban que para ellos eran un momento muy importante, porque por fin podrían conseguir enterrar al abuelo en el pueblo. Pero se limitaron a eso.

A nadie podemos obligar a echar una mano.

No ha sido tarea fácil el reunirnos año tras año en este campo del recuerdo que es Valdenoceda. Y sigue así, requiriendo enorme esfuerzo anual para poder encontrarnos, entregar los restos, conversar, recordar, llorar juntos nuestra propia historia común. Es por eso que, una vez más,  me gustaría recordaros la importancia de la colaboración en este proyecto. Sabemos que no es sencillo acudir a nuestro encuentro. Pero el trabajo de tantas personas detrás del mismo, merece la pena, siendo además un proyecto COMÚN, con mayúsculas. De implicación por una meta final que supone además de la recuperación de la propia historia familiar integrarse en este proyecto común.

Las familias tienen que entender que, si para ellos es muy importante recuperar a los suyos, también lo es para otros, que todavía esperan o que quizás ni siquiera saben, porque no les hemos encontrado, que su abuelo está en Valdenoceda.

Necesitamos ayuda. Necesitamos que las familias no desaparezcan. Necesitamos que cada una ponga un granito de arena para encontrar a más familias y para terminar con las exhumaciones y las identificaciones que todavía están pendientes.

Como os decía, en ocasiones nos hemos visto solos.  Y en este proyecto en el que nos integramos, esto resulta terriblemente decepcionante. Por eso, os pido, como impulsor y convencido defensor de nuestra causa, perseverancia y compañerismo. Paciencia y esfuerzo para que podamos resolver esta difícil prueba de nuestra historia más reciente.

Debemos decir también, como sucede hoy, que nos sentimos muy arropados, con vuestra compañía, con vuestro apoyo, con vuestro cariño, con la presencia de las familias que hoy están aquí, con todos nosotros, recogiendo al padre o al abuelo.

Por eso quiero daros a todos las gracias.

Quiero dar las gracias especialmente al presidente de la ARMH Emilio Silva por acompañarnos en este día tan especial para nosotros, pues con la exhumación de los trece de Priaranza abrieron la posibilidad del resto de exhumaciones.

Gracias por estar aquí.

Gracias por no dejarnos solos.

Gracias por ayudarnos a cerrar nuestra herida, que también es la vuestra.

Y gracias, porque de verdad que, con gente como vosotros, la concordia SÍ es posible.

Un fuerte abrazo.

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