EL MADRILEÑO QUE SE ENROLÓ EN LAS BRIGADAS INTERNACIONALES Y MURIÓ EN EL BOMBARDEO FASCISTA DE UN HOSPITAL EN FIGUERES

Miguel Bayón Lázaro, aunque nacido en Puebla de Alcocer (Badajoz), residía junto a su familia en Madrid, en la Calle Embajadores. De profesión Enfermero-Practicante. Como otros muchos  españoles y ante la admiración que sentían por las Brigadas Internacionales, se enroló en ellas durante la Guerra. Miguel figuraba en los registros (y en su propio carnet) como el Brigadista Internacional número 83.184 adscrito al 10º Batallón de la 14ª Brigada Internacional.

Esta Brigada estaba comandada, según la época, por los generales Walker, Kleber y Jules Dumont. Tenía por nombre “La Marsellesa” y se formó en diciembre de 1936, siendo francesa en su mayor contingente.

Miguel, como Alférez Sanitario, participó en las batallas de Villar del Río, Montoro, Pozoblanco, Guadarrama, Jarama, Cuesta de las Perdices, Cerro del Puerco, Granja de San Ildefonso, Bilbao, Ebro, Sierra de Cavals, Caspe,…, estando acuartelado junto al monasterio de San Lorenzo del Escorial.  En la batalla del Ebro, Miguel estuvo encuadrado con su Brigada en la 45º  División del Vº Cuerpo de ejército, División comandada por el teniente coronel de Milicias, Enrique Líster. En Camprodó hay una placa conmemorativa en homenaje a la 14º Brigada por su heroico papel desempeñado en el inicio de la batalla del Ebro, ya que llevó a cabo un ataque de distracción para permitir el paso del Ebro a unidades del ejército republicano.

Durante la retirada de las unidades del ejército republicano, en los últimos meses de la Guerra, la compañía de Miguel recaló en Figueres, probablemente buscando continuar su recorrido hacia la frontera con Francia y poder refugiarse en alguno de los campos de refugiados que el Estado francés habilitó allí. Pero Miguel, herido, tuvo que refugiarse antes en un hospital. Se trataba de la Clínica Militar número 1, que estaba en la calle Pi y Margall, en el antiguo Convento del Sagrado Corazón, conocido popularmente como ‘Los Fosos’.

El 1 de febrero de 1939 tuvo lugar en Figueres la última reunión de las Cortes Republicanas camino de su exilio, participando 62 diputados, siendo presidida la sesión por Martínez Barrios.

Durante la estancia de Miguel en la Clínica Militar nº 1, Figueres fue bombardeada por el ejército de Franco en 18 ocasiones durante 13 días casi consecutivos. El primer bombardeo que provocó víctimas mortales se produjo el 23 de enero de 1939, tres días antes de la caída de Barcelona. En él murieron 16 personas, entre ellos algunos niños que estaban jugando en el Passeig Nou. Los siguientes bombardeos se produjeron los días 26, 27 y 30 de enero, 3, 4, 6 y 7 de febrero. Un habitante de la localidad destacaba por aquel entonces que “el aspecto de Figueres era desolador. Las calles estaban llenas de ruinas y cascotes, muchas casas derruidas y en muchos casos las casas y edificios estaban en llamas”. Se calculaba entonces que 500 edificios habían sido totalmente destruidos por los bombardeos, entre ellos colegios, el hospital, la biblioteca e incluso el cementerio.

Miguel Bayón Lázaro murió en el transcurso de uno de estos bombardeos de Figueres. En concreto el del 3 de febrero de 1939, a la edad de 40 años. En la Clínica Militar nº 1 murieron más soldados republicanos que, como Miguel, esperaban recuperarse levemente de sus heridas para poder cruzar la frontera con Francia. En Figueres, como consecuencia de los salvajes bombardeos indiscriminados murieron cerca de 500 personas. Miguel, el brigadista madrileño, fue uno de ellos.

El 3 de mayo de 1939, la zona fue desescombrada. Ese día, trabajadores de la zona encontraron los cuerpos de Miguel y de otros soldados y pacientes de la clínica. En sus ropas, encontraron el carnet número  83.184 de las Brigadas Internacionales, a nombre de Miguel Bayón Lázaro, de 40 años de edad, domiciliado en la calle Embajadores, número 41, de Madrid. Miguel era alférez practicante. En su cartera, encontraron dos retratos dedicados por su familia, uno de su mujer, Angela, y otro de sus hijos, Elisa y Pepe.  Merece la pena leer las dedicatorias de esas fotos. “Y 1.038 pesetas en moneda roja” (señala un edicto del Boletín Oficial de la Provincia de Madrid del sábado 24 de junio de 1939).

Fragmento del Boletín Oficial de la Provincia de Madrid del 24 de junio de 1939. Se comunicaba la localización del cadáver de Miguel Bayón, con el objetivo de que la familia se personase en el Juzgado

Las autoridades franquistas nunca se presentaron en casa de la familia para comunicarles la muerte de Miguel.  Simplemente se limitaron a publicar una requisitoria del Juzgado de Instrucción de Figueres en el Boletín Oficial de Madrid, con el objetivo de que la familia compareciese en ese Juzgado, en el plazo de 15 días, con el objeto de tomarles declaración y abrir procedimiento “a tenor de lo dispuesto en el artículo 109 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal”. ¿Qué pretendían? ¿Tomar represalias contra la familia, contra Ángela y sus hijos, por el hecho de que su marido hubiese formado parte de las Brigadas Internacionales? La realidad es que la familia nunca supo que pasó con Miguel. Nadie les comunicó su muerte. La familia Bayón sobrevivió sin la presencia del marido y del padre y continuó viviendo en Madrid.

Sin embargo, y sin haberle comunicado la muerte de su marido, Ángela sí fue detenida en dos ocasiones por la policía franquista en el primer año de la posguerra y llevada en ambas a la cárcel de Yeserías en Madrid, permaneciendo sus hijos Elisa y Pepe, entonces con 16 y 12 años, en la puerta de la prisión a la espera de que su madre fuera liberada.

Su hijo Pepe, a pesar de las continuas desinformaciones que le llegaban situando a su padre fuera de España tras abandonar a su familia en Madrid, tenía el convencimiento de que Miguel, su progenitor, nunca hubiera dejado desamparada a su familia y que había fallecido con absoluta seguridad durante el transcurso de la guerra.

Hace pocos años, en 2010, en una búsqueda casual, un investigador de la familia -empeñado durante años en conocer el paradero de Miguel- localizó los documentos sobre su militancia en las Brigadas Internacionales y sobre su fallecimiento en Figueres y se los entregó a su nieta Concha. La nieta, impactada, viajó a Figueres localizando la fosa común en el cementerio de la ciudad donde su abuelo Miguel fue enterrado. Allí, en nombre de su padre Pepe y de la familia Bayón, depositó un ramo de flores en memoria y en homenaje de Miguel Bayón Lázaro, Alférez Practicante del 10º Batallón de la 14ª Brigada Internacional.